Vuelvo a Cuba después de ocho años. Es la tercera vez que visito el país de José Martí. Quiero comparar si hubo cambios reales tras la anunciada apertura de los hermanos Castro. El primero, muy visible, es el nuevo aeropuerto de la capital, que no tiene nada que ver con el anterior. Desde la ventanilla, observo que hay un Jumbo de Air France y otro de Air Italia, y recuerdo, a su vez, que desde la Argentina, ya son ocho las líneas que vuelan hasta aquí.

Apenas uno ingresa a la estación nota un clima más distendido. El trámite migratorio, antes lentísimo y burocrático, se reduce ahora a apenas cinco minutos: no piden seguro de salud ni tampoco el nombre del hotel donde uno se alojará. Es más: quien nos controla es una mujer del Ejército que nos dice "Bienvenidos a Cuba". El primer trámite debe hacerse de inmediato, hay que cambiar los dólares o los euros por los CCU (Cubanos Convertibles). Si uno entrega dólares estadounidenses, le descontarán el 14%, y si efectúa la operación con euros, nada.

Abundan los taxis, que por 20 dólares van hasta el centro. Apenas con recorrer unos kilómetros, uno nota que hay muchos más vehículos. Es que el gran amigo de Fidel, el comandante Hugo Chávez, le suministra -a un precio muy reducido- el petróleo necesario, lo que dejó atrás los cortes habituales de energía que sufría siempre la isla.

Al recorrer los primeros kilómetros, uno advierte que hay dos figuras preponderantes que aparecen en grandes carteles: las de José Martí y el Che Guevara. Superan ampliamente a la del hoy secretario del Partido Comunista, Fidel. La de su hermano, Raúl, se ve mucho menos.

La Western Union
Una de las primeras sorpresas es observar que la Western Union, símbolo del capitalismo estadounidense, tiene sucursales en distintos barrios de La Habana. El millón y medio de cubanos que viven en EEUU envía ahora las remesas para sus familiares. La segunda sorpresa es poder tomar Coca-Cola, un ícono de los yanquis al que Cuba, durante medio siglo, le impidió que ingresara.

Otra sorpresa: hay pocos, pero aparecieron al fin los teléfonos celulares. Sin embargo, Cuba y Corea del Norte siguen siendo los dos únicos países que prohíben el uso de internet. El universo web solo está disponible en los organismos oficiales y en los hoteles, exclusivamente para extranjeros y a un costo escandalosamente alto para un cubano: 12 dólares la hora. Hay otro cambio notable: después de 53 años, hay dos vuelos diarios a Miami, uno a través de Gran Cayman y otro vía Bahamas, operados por las líneas de esos dos pequeños Estados.

Salarios
La principal queja de los habaneros, ahora más predispuestos a la charla que antes, es el salario. El sueldo mínimo mensual es el equivalente a nueve dólares, los jubilados ganan siete, un médico apenas 25, y la mayor remuneración mensual, sin contar a los funcionarios prominentes del Gobierno, la cobra un profesor universitario con dedicación exclusiva, que recibe 30. Un dólar equivale a 24 pesos cubanos y, según el Gobierno, la canasta básica se cubre con la mitad de ese valor. Una familia tipo recibe por mes tres kilos de arroz, cuatro de fideos, uno de carne vacuna y tres litros de aceite mezcla. Según los consultados, eso se lleva la mitad de la remuneración.

Nadie como Fidel
Fidel Castro es el único funcionario que, sin ser rey, alcanzó a ejercer el poder durante más de 50 años. La revolución lleva 54 años y ahora transfirió el Gobierno -aunque no el poder- a su hermano Raúl. Fidel superó al norcoreano Kim II Sung, quien gobernó durante 48 años, y al dictador de Albania, Enver Hoxlta, que estuvo 40.

Una constante de los adeptos al castrismo es su crítica contra Obama, que en 2009, a dos días de asumir como presidente, prometió que en un año cerraría la prisión de Guantánamo, una base estadounidense que está a más de 900 kilómetros de La Habana, muy cerca de Santiago de Cuba, y que sirve como campo de prisioneros. En este momento, sólo quedan allí 171 presos provenientes de Irak y Afganistán. Obama nunca pudo cumplir con su promesa porque, acorralado y en minoría en ambas Cámaras, no logró la aprobación del Congreso.

Un talón de Aquiles que el castrismo nunca pudo superar fue el de los medios de comunicación. Apenas hay un diario, el Granma, de apenas 16 páginas diarias y de tamaño muy reducido, que es en la práctica un parte oficial.

© LA GACETA Carlos Vernazza - Periodista, ex director del diario El Tribuno, de Salta.